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En resumen
En un hotel de Nairobi, una veterana del Programa Mundial de Alimentos dispuso unos táperes con arroz, lentejas y aceite; el más grande contenía 2.100 calorías. El último estaba vacío y representaba a casi la mitad del campo keniano de Kakuma, que no recibiría nada. Un recorte de la ayuda consta primero; su daño aflora después, enredado con las infecciones, el agua sucia y la guerra. De Kakuma constan el recorte y parte del daño. Al menos 54 niños murieron en 2025 en su hospital con complicaciones provocadas por la desnutrición. Del recorte de Gaza, 500.000 personas eliminadas de la lista en octubre de 2026, por ahora solo consta la decisión.
Contenido
El 18 de julio de 2025, en una sala de reuniones del Tribe Hotel de Nairobi, una veterana del Programa Mundial de Alimentos llamada Dragica Pajevic dispuso una hilera de táperes ante un equipo de los principales asesores de ayuda exterior del presidente Donald Trump. Contenían distintas cantidades de arroz seco, lentejas y aceite. El más grande contenía 2.100 calorías, la cifra diaria estándar por persona en torno a la cual se planifican las raciones de emergencia. El siguiente, 840, la cantidad que una quinta parte de los refugiados del campo keniano de Kakuma iba a recibir en agosto. Otro tercio del campo recibiría poco más de 400. El último táper estaba vacío. Representaba a casi la mitad del campo, las personas que no recibirían nada en absoluto.
ProPublica, que reconstruyó la velada a partir de los testimonios de seis personas conocedoras del viaje y de documentos internos del Gobierno, cuenta que la reacción fue tibia. Uno de los visitantes no dijo nada y pasó buena parte de la cena mirando el móvil. Unos 720.000 refugiados en Kenia dependían del PMA para sobrevivir, y Estados Unidos, que había aportado 112 millones de dólares en 2024, había cortado sin previo aviso la financiación de la agencia en Kenia en enero de 2025.
La cifra de 2.100 describe a una población, no a una persona. El PMA y ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, la usan como promedio cuando planifican las raciones en la fase inicial de una crisis, cuando la gente no tiene otros alimentos, y las necesidades individuales varían en torno a ella.
Quince meses después de aquella cena, el 19 de octubre de 2026, la misma agencia anunció un recorte en Gaza. En octubre llegaba allí a 1,1 millones de personas con alimentos y dinero en efectivo, frente a 1,6 millones en septiembre. Las familias que seguían recibiendo alimentos pasaron a media ración: un paquete de comida en lugar de dos y un saco más pequeño de harina de trigo. El director del PMA en el país, Shaun Hughes, dijo que el recorte «no es porque no tengamos acceso humanitario para entregar alimentos; es porque no tenemos financiación». Carl Skau, director ejecutivo interino de la agencia, afirmó: «Esto se debe únicamente a que tenemos menos financiación». El acceso a Gaza tuvo sus propios problemas ese mes. Israel detuvo los envíos comerciales al territorio el 14 de octubre y anunció el 19 de octubre que se reanudarían de forma gradual. Pero el PMA atribuyó este recorte en concreto al dinero.
Las agencias pueden documentar una reducción de la asistencia antes de poder medir sus efectos sobre la salud. Esos efectos afloran más tarde y de forma desigual, mezclados con infecciones, agua sucia y guerra, y los documentan investigaciones, encuestas y modelos que responden, cada uno, a una pregunta más estrecha que la que todo el mundo se hace. De Kakuma, seguida desde aquella cena en el hotel hasta 2026, constan tanto la decisión como algunas de sus consecuencias. De Gaza, en octubre de 2026, por ahora solo consta la decisión.
Quién paga, y con qué condiciones
El PMA no tiene presupuesto en el sentido en que lo tiene un ministerio nacional. No cobra cuotas a sus miembros ni recibe parte alguna de las cuotas prorrateadas de la ONU. Lo financian, de media, más de 60 gobiernos, y todo el apoyo gubernamental es voluntario. Sus ingresos suben y bajan con decisiones que se toman en otras capitales.
Esas decisiones cambiaron deprisa. Las contribuciones al PMA sumaron 9.760 millones de dólares en 2024 y 6.520 millones en 2025, una caída de alrededor de un tercio en un solo año. A 19 de octubre de 2026, el total de 2026 ascendía a 5.720 millones, con diez semanas del año aún por delante. La caída no fue solo del PMA. Según las cifras preliminares de la OCDE, la ayuda total de los gobiernos donantes ricos de su Comité de Ayuda al Desarrollo cayó un 23,1 % en 2025, descontada la inflación, el mayor descenso anual registrado, y su ayuda humanitaria cayó un 35,8 %.
En noviembre de 2025, el PMA dijo que 318 millones de personas afrontaban hambre aguda de cara a 2026. Los recortes de financiación, dijo, le obligaban a dar prioridad a alrededor de un tercio de ellas, 110 millones de personas, con un coste de 13.000 millones de dólares, y advirtió de que podría recibir cerca de la mitad de esa cantidad. La necesidad, el alcance previsto y el dinero esperado son medidas distintas. Un déficit de dinero puede traducirse en menos personas atendidas, raciones más pequeñas o una ayuda que termina antes.
El dinero, además, llega con instrucciones. En 2024, el 78 % de todas las contribuciones al PMA estaba asignado de forma estricta: el donante lo vinculaba a un país o a una actividad concretos. Solo el 6 % llegó sin condición alguna, y el 11 % contaba como flexible, una categoría que incluye también el dinero que un donante vincula a una región o a un tema en lugar de a un país. El dinero flexible permite al propio PMA elegir el país y la actividad que financia una contribución, y el PMA lo describe como lo que permite a la agencia responder de inmediato, cubriendo brechas críticas hasta que llegan los fondos asignados. Cuando los donantes pierden interés en una crisis, lo que el PMA puede destinar allí por su propia autoridad sale de esa pequeña porción flexible, que todas las demás crisis se disputan también.
El mayor donante cambió las reglas a finales de 2025. El 29 de diciembre, Estados Unidos comprometió una aportación inicial de 2.000 millones de dólares para la ayuda humanitaria de la ONU en 2026, que se canalizaría a través de la OCHA, la oficina de coordinación humanitaria de la ONU, en lugar de entregarse a agencias concretas. Y advirtió a esas agencias de que tenían que «adaptarse, reducirse o morir». Jeremy Lewin, el funcionario estadounidense que presentó el compromiso en Ginebra, lo presentó como un compromiso ancla inicial vinculado a 17 países. Dijo también que, según los cálculos de Estados Unidos, el modelo mancomunado era aproximadamente el doble de eficiente que el sistema anterior, y que lograr el mismo impacto en vidas salvadas por la vía antigua habría costado cerca de 4.000 millones de dólares. Es una afirmación sobre el rendimiento del dinero, y ninguna evaluación publicada la ha puesto a prueba todavía. En mayo de 2026, Estados Unidos añadió 1.800 millones de dólares, con lo que su total en este mecanismo llegó a 3.800 millones repartidos entre 21 países.
Del compromiso al plato
El dinero con condiciones llega según su propio calendario, y la comida tiene el suyo. Entre la decisión de un donante y la ración de una familia median tres piezas de la maquinaria, y cada una se agota de una manera distinta.
La primera son los alimentos que hay que comprar y transportar. El Mecanismo de gestión global de los productos del PMA existe para acortar ese trayecto comprando alimentos antes de que las oficinas en los países los pidan. En 2018, sus compras tuvieron un plazo medio de entrega de 34 días, 86 días menos que el proceso convencional del PMA, que sin él ronda los cuatro meses. Las existencias compradas por adelantado son el colchón que absorbe un compromiso tardío. Cuando se detiene el dinero que las repone, el colchón se agota.
La segunda es el dinero prestado antes de que llegue. Con los préstamos internos para los proyectos, un programa puede gastar fondos adelantados con cargo a contribuciones que se prevé que hagan los donantes, y la previsión sirve de garantía; en 2024, el PMA adelantó así 1.900 millones de dólares a 57 operaciones. Un fondo aparte, la Cuenta de respuesta inmediata, adelanta dinero para situaciones que ponen vidas en peligro cuando no existe ninguna contribución prevista. Se repone con aportaciones de donantes, transferencias internas y reembolsos, y en 2024 recaudó 274 millones de dólares frente a un objetivo de 400 millones. Ambos instrumentos se apoyan en el futuro. Una previsión que nunca se convierte en pago no deja nada con lo que respaldar un préstamo. Los anticipos pueden salvar un retraso, pero no pueden sustituir un dinero que nunca llega.
La tercera es el dinero en efectivo. Una transferencia en efectivo no necesita ningún envío de alimentos, y el PMA también usa anticipos para pagar transferencias antes de que se confirmen las contribuciones, pero cuando el dinero escasea la transferencia mengua con él. En Gaza, en octubre de 2026, a las 75.000 familias que reciben dinero en efectivo del PMA se les recortaron los pagos mensuales de 1.250 séqueles a 750, es decir, de 400 a 240 dólares. En Kakuma, las transferencias mensuales en efectivo con las que los refugiados compraban proteínas y verduras para acompañar el arroz, las lentejas y el aceite que distribuía el PMA terminaron en junio de 2025.
Kakuma muestra qué aspecto tiene un calendario roto. Cuando el dinero estadounidense se detuvo en enero de 2025, la operación del PMA en Kenia no tuvo tiempo de buscar otros apoyos ni de importar los alimentos que necesitaba para el resto del año. ProPublica informa de que no prorrogar la financiación hizo saltar por los aires el calendario que el PMA necesitaba para enviar alimentos al campo antes del verano. A mediados de mayo, un memorando de USAID advertía de que, sin más dinero, las raciones del PMA en Kenia caerían de lo que llamaba niveles normales del 60 % al 20 %, lo que pondría en riesgo a casi un millón de personas. La prórroga llegó a finales de septiembre. El dinero estadounidense de ese año ascendió a 66 millones de dólares, un 40 % menos que el año anterior, y llegó con nueve meses del año ya transcurridos.
En Gaza, la advertencia fue pública y el calendario, explícito. En julio de 2026, el mes en que a 220.000 hogares de la Franja se les redujeron a la mitad las raciones de alimentos, el PMA dijo que tendría que hacer recortes mucho más profundos para octubre si no llegaba más financiación, y señaló la fatiga de los donantes como el problema principal. En octubre llegaron los recortes.
Somalia, 2011: avisada a tiempo, socorrida demasiado tarde
Los sistemas de alerta temprana que vigilaban Somalia en 2010 y 2011 hicieron su trabajo. La emergencia se detectó a tiempo. Lo que falló fue la conexión entre saber y ayudar. Durante ese periodo, la población del sur de Somalia fue quedando cada vez más aislada de la asistencia alimentaria y de medios de vida, a medida que las agencias humanitarias se retiraban progresivamente de la mayor parte del sur y algunos donantes interrumpían la financiación humanitaria a esas regiones. Para julio de 2011, las Naciones Unidas habían declarado la hambruna en varias regiones, con los criterios de la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases (CIF). Para entonces, el exceso de mortalidad estaba cerca de su máximo, con unas 30.000 muertes en exceso al mes entre mayo y agosto de 2011. Los investigadores que más tarde estimaron el balance dejaron constancia de un consenso: la respuesta humanitaria había sido «en su mayor parte tardía e insuficiente».
Repartir la bolsa
Cuando el suministro se queda corto, alguien tiene que repartir lo que queda. La descripción que hace el propio PMA de ese momento es tajante: las oficinas en los países se ven obligadas a priorizar eligiendo uno de tres enfoques, o una combinación de ellos, que son reducir las raciones, reducir la duración de la asistencia o reducir el número de personas que la reciben. Cada recorte es alguna mezcla de esas tres palancas, y cada una reparte la escasez de forma distinta.
Kakuma recibió raciones más pequeñas, repartidas con menos frecuencia, a menos personas. El PMA recortó las raciones al nivel más bajo de la historia del campo y pasó de distribuciones mensuales a una cada dos meses. Después determinó que en agosto de 2025 solo la mitad de los aproximadamente 308.000 habitantes del campo recibiría alimento alguno. La mayoría supo en qué mitad estaba por un número estampado en el reverso de su cartilla de racionamiento. Seis meses antes, el 4 de febrero de 2025, el secretario de Estado, Marco Rubio, había dicho a los periodistas que cualquier programa que estuviera «proporcionando alimentos o medicinas o cualquier cosa que salve vidas y sea inmediata y urgente» no estaba «incluido en la congelación».

Gaza, en octubre de 2026, accionó dos palancas a la vez: 500.000 personas menos en la lista mensual y media ración para las familias que siguen recibiendo paquetes de alimentos. Los pagos en efectivo también mermaron. Las comidas calientes para quienes no pueden cocinar bajaron de 250.000 al día a 150.000, y las familias de zonas de difícil acceso, incluidas las cercanas a la línea amarilla que marca el control militar israelí, recibirían una comida caliente cada dos días en lugar de a diario. Quién conserva qué es otra decisión, que se toma dentro de una bolsa más pequeña. Skau dijo que el PMA haría todo lo posible por dar prioridad a los más necesitados, añadió que «no es un ejercicio fácil» y que los servicios probablemente se centrarían en los enfermos, los niños en riesgo de desnutrición y las personas «cuya seguridad corre peligro y que a menudo se ven empujadas a desplazarse». El PMA citó además una breve lista de programas que podría mantener en marcha.
En Sudán, la palanca principal fue la propia ración. En septiembre de 2026, en el campo de Tawila, en Darfur, el PMA repartía medias raciones: alimentos pensados para dos semanas, distribuidos una vez al mes. En El Obeid, donde se han concentrado desplazados de todo el país, la agencia dijo que estaba «ofreciendo cada vez menos» a medida que se agotaba la financiación, y que daba prioridad a los recién llegados.
La palanca que suena más amable es la focalización, que da a cada hogar una cantidad distinta según la necesidad que se le evalúa. En abril de 2026, el PMA pasó a casi 1,2 millones de refugiados rohinyás en Bangladesh de una cantidad fija de 12 dólares por persona y mes a tres tramos: 12, 10 o 7 dólares en los campos de Cox’s Bazar, y 13, 11 u 8 dólares en Bhasan Char, donde los precios de mercado son más altos. El PMA dijo que el cambio no respondía a consideraciones de financiación, aunque lo situó en un contexto de restricciones de financiación mundiales que exigen priorizar con cuidado. Dijo que su análisis de la brecha alimentaria mostraba que incluso el tramo más bajo cubría las necesidades alimentarias mínimas, y definió un recorte de raciones como una asistencia que cae por debajo de 2.100 calorías diarias. El comisionado de ayuda a los refugiados de Bangladesh, Mohammad Mizanur Rahman, dijo que eso era precisamente lo que el cambio significaba para los rohinyás: un recorte de raciones. Las informaciones difieren sobre el tamaño del tramo más bajo. AP lo situaba en abril en torno al 17 % de los refugiados; IPS, en septiembre, en casi el 70 % de los hogares. Las cifras corresponden a fechas distintas y a unidades distintas, y ninguno de los dos informes las concilia.

Uganda muestra hasta dónde puede llegar la priorización. En sus asentamientos de refugiados, en 2025, algunos refugiados considerados menos vulnerables recibieron solo el 22 % de una ración completa.
Lo que hace una ración más escasa
Cada palanca cambia lo que la gente echa a la olla, y en el este de Chad una serie de encuestas nutricionales siguió lo que eso hizo con el crecimiento de los niños. En 2014, la ración general de los campos de refugiados de la zona, que había aportado 2.100 kcal por persona y día, se recortó entre un 40 % y un 60 % por restricciones de financiación. Al mismo tiempo, los niños de 6 a 23 meses empezaron a recibir un pequeño suplemento nutricional diario. Un equipo de investigadores en nutrición analizó encuestas repetidas en los campos entre 2010 y 2017. En el conjunto del periodo, la prevalencia del retraso del crecimiento (ser demasiado bajo para la edad) y de la emaciación (estar demasiado delgado para la estatura) disminuyó. Pero tras el recorte, tendencias que venían mejorando se frenaron o se invirtieron: la talla para la edad en los niños de 24 a 59 meses y el peso para la talla en los más pequeños. Los autores concluyeron que el cambio había tenido efectos adversos en el crecimiento infantil. También escribieron que no puede inferirse causalidad. Unas encuestas a niños distintos en momentos distintos pueden mostrar que una tendencia se tuerce. No pueden descartar todo lo demás que cambió en los campos en 2014.
Uganda permite mirar más de cerca el plato. El PMA siguió a 294 hogares refugiados que habían estado en su grupo más vulnerable y a los que después se les recortó la ayuda o se les dio de baja, y comparó septiembre de 2024 con junio y julio de 2025. En los hogares con los recortes más profundos, la puntuación de consumo de alimentos, el índice que el PMA usa como indicador indirecto de la seguridad alimentaria de los hogares, cayó de media una quinta parte. Eran los hogares que el PMA logró seguir en ambas rondas, no una muestra representativa. El informe registró también que el consumo de lácteos casi desapareció, con una caída del 96,3 %, y que el de carne, pescado y huevos cayó un 35,6 %.
El hueco de los cacahuetes
Entre febrero y octubre de 1990 se notificaron unos 18.000 casos de pelagra entre aproximadamente 286.000 refugiados mozambiqueños en Malaui, alrededor del 6 % de ellos. La pelagra se debe a la falta de niacina, y en estos campos se manifestó como dermatitis. El brote siguió a una interrupción de cinco meses en el reparto de cacahuetes. Los cacahuetes eran la principal fuente de niacina de la ración, y ACNUR y el PMA no podían conseguirlos. Las fuentes describen un fallo de suministro y no mencionan ninguna decisión presupuestaria. Un estudio de casos y controles halló que comer cacahuetes a diario protegía contra la enfermedad, igual que tener un huerto y moler el maíz en casa. Las mujeres se vieron afectadas en una proporción 7,8 veces la de los hombres. En todo 1989 había habido 1.169 casos. Los trabajadores humanitarios repartieron comprimidos de niacina en agosto de 1990, y entre los remedios recomendados figuraban comprar cacahuetes en el mercado mundial y enriquecer la ración. Al año siguiente, los CDC observaron que los trastornos por carencia de micronutrientes, entre ellos la pelagra, se habían convertido en problemas graves en las poblaciones refugiadas que dependen de la ayuda internacional para alimentarse.
Los campos rohinyás de Bangladesh ofrecen tasas medidas antes y después de un recorte, sin grupo de comparación. En 2023, el PMA recortó el vale mensual de 12 a 10 dólares en marzo y a 8 en junio, y después restableció los 10 dólares a partir del 1 de enero de 2024 y los 12 más adelante ese mismo año. Antes de los recortes, alrededor del 12 % de los menores de cinco años sufría desnutrición aguda. Después, la desnutrición aguda global entre los niños llegó al 15,1 %, por encima del umbral de emergencia fijado por la OMS y la tasa más alta jamás registrada en los campos. Ese mismo año hubo incendios, ciclones e inundaciones. Las tasas subieron en un año de varias crisis, y los registros no permiten separar unas de otras.
La dieta importa para sobrevivir por lo que la desnutrición hace a las defensas del cuerpo. Se estimó que la desnutrición en todas sus formas, incluidos la restricción del crecimiento fetal, el retraso del crecimiento, la emaciación, la carencia de vitamina A y de zinc y una lactancia materna subóptima, causó el 45 % de las muertes de menores de cinco años en el mundo en 2011. En diez estudios con menores de cinco años en países de ingresos bajos y medianos, los niños que a la vez tenían retraso del crecimiento, emaciación e insuficiencia ponderal presentaban un riesgo de mortalidad 12,3 veces el de los niños sin ninguno de esos déficits. En los campos de refugiados de Tailandia en 1979-1980, Somalia en 1980-1985 y Sudán en 1984-1985, una revisión de los datos de mortalidad concluyó que la mayoría de las muertes podrían haberse evitado con raciones de alimentos adecuadas, agua limpia, vacunación contra el sarampión y rehidratación oral. Ninguna de estas cifras cuenta muertes causadas por un recorte de raciones. Describen cómo se acumula el riesgo en un cuerpo al que le falta comida y que está expuesto a infecciones, y por qué la comida es una defensa entre varias.
Lo que puede demostrar cada tipo de prueba
Si el daño pasa por cuerpos que también se enfrentan a infecciones, agua en mal estado y falta de atención sanitaria, la pregunta pasa a ser qué puede contarse realmente.
La prueba más directa es la muerte documentada, y en Kakuma ese registro procede sobre todo de una investigación. ProPublica informó en diciembre de 2025 de que al menos 54 niños habían muerto ese año en el hospital del campo con complicaciones provocadas por la desnutrición, y constató, mientras informaba desde el campo, que muchos refugiados, en su mayoría niños, murieron porque sus cuerpos desnutridos no podían combatir las infecciones. Entre ellos estaba Santina, de siete meses. En junio de 2025, a su familia se le asignaron 630 calorías por persona y día. Su madre dejó de producir suficiente leche. A Santina le diagnosticaron marasmo, la forma grave de emaciación de la desnutrición, contrajo una neumonía y murió. Un médico y especialista en nutrición del Comité Internacional de Rescate dijo que casi con toda seguridad habría sobrevivido si no hubiera estado desnutrida. El 6 de mayo de 2025, la embajada de Estados Unidos en Nairobi había informado por cable de que la disminución de la ayuda alimentaria «ya había contribuido a varias muertes». Un alto cargo del Departamento de Estado dijo a ProPublica que nadie había muerto a consecuencia de los recortes de la ayuda exterior. El registro contiene muertes con nombre, el juicio de un clínico, un cable del propio Gobierno y un desmentido rotundo. También es, en su mayor parte, el trabajo de un solo medio en un solo campo. AP, que informó desde Kakuma en junio de 2025, confirmó que las raciones se habían reducido a la mitad, y un responsable de nutrición del mayor hospital del campo le dijo que en abril habían muerto allí 15 niños, frente a una media mensual de cinco.
Otro método cuenta las muertes después, en toda una población. Para el sur y el centro de Somalia entre octubre de 2010 y abril de 2012, los investigadores estimaron unas 258.000 muertes en exceso, 133.000 de ellas de menores de cinco años, por encima de las aproximadamente 290.000 muertes esperadas en la misma zona durante el mismo periodo. Las muertes por encima de ese nivel esperado equivalieron, según la estimación, al 10 % de los menores de cinco años de la región. La estimación se publicó en mayo de 2013, alrededor de un año después de que terminara el periodo. Sus autores no pudieron atribuir partes del balance a ninguna causa concreta, y lo tratan como el impacto combinado de la sequía, la reducción de la asistencia humanitaria, los altos precios de los alimentos y los conflictos civiles. Este método produce una cifra defendible para toda una población, tarde y para todas las causas juntas.
Los modelos miran hacia delante. Uno, construido con toda la financiación de USAID en 133 países entre 2001 y 2021, proyectó más de 14 millones de muertes adicionales hasta 2030 en su escenario de recortes drásticos de financiación, con un intervalo de incertidumbre de aproximadamente 8,5 a 19,7 millones. Abarca todo lo que financiaba USAID, así que no es un cómputo de los recortes de raciones de alimentos, y es una proyección condicionada, no un recuento. La revisión de ALNAP sobre el estado del sistema humanitario describe la modelización mundial de los recortes de 2025 como sujeta a «distintos niveles de certeza».
La atribución es aún más difícil mientras una crisis sigue en curso. En Sudán, una alerta emitida el 12 de octubre de 2026 por la CIF, el sistema interinstitucional que clasifica la gravedad de las crisis alimentarias, señaló a la vez el conflicto, los desplazamientos masivos, la sequía grave y una financiación humanitaria insuficiente como factores que impulsaban una situación en rápido deterioro en el Gran Darfur y Kordofán. La OMS añadió que allí la atención sanitaria era extremadamente limitada, a menudo del todo inaccesible, y el agua potable cada vez más escasa, lo que dejaba a una población mal alimentada muy expuesta a la enfermedad y la muerte; las personas desnutridas son más propensas a sufrir formas graves de cólera y sarampión. La alerta no dice qué parte del daño procede del déficit de financiación.
El recorte de Gaza tiene una fecha de anuncio, el 19 de octubre de 2026, y una lista más corta. Lo que haga a las 500.000 personas que ya no figuran en ella se establecerá, si es que llega a establecerse, mediante alguno de estos métodos, y cada uno responderá solo a una parte de la pregunta.
¿Puede la focalización cerrar la brecha?
La respuesta más sólida a todo esto es que los presupuestos nunca fueron ilimitados y que una bolsa más pequeña puede gastarse mejor. La focalización lleva la mayor parte de la comida allí donde el hambre es peor, y el PMA afirma que sus tramos para los rohinyás cubren las necesidades mínimas incluso del grupo más bajo. Estados Unidos sostiene que mancomunar su dinero duplica lo que compra cada dólar.
Una prueba es lo que ocurre cuando vuelve el dinero. Desde diciembre de 2025, el PMA dio a los refugiados de los campos de Kenia de las categorías 1, 2 y 3, que sumaban el 94 % de ellos, el 60 %, el 40 % y el 20 % de la cesta mínima de alimentos, y a la categoría 4 no le dio nada. En febrero de 2026, las dos primeras categorías subieron al 80 % y al 60 %. FEWS NET, la red de alerta temprana que sigue las crisis alimentarias, consideró en abril que la asistencia seguía siendo insuficiente para cubrir el déficit y que era probable que muchos hogares vendieran o intercambiaran parte de sus raciones para cubrir otras necesidades tras los recortes del apoyo para combustible y medicinas. En septiembre preveía que los resultados de Crisis, la fase 3 de la escala de cinco fases de la CIF, persistieran en Kakuma y Kalobeyei hasta enero de 2027, con los alimentos del PMA como fuente principal de la mayoría de los hogares y como freno a resultados peores. Más dinero subió los porcentajes. Ninguna categoría recuperó la cesta completa.
Otra es si las personas de los tramos inferiores pueden cerrar por sí mismas el resto de la brecha. Los refugiados rohinyás tienen prohibido por ley trabajar en Bangladesh. En Gaza, la tasa de desempleo era del 81 % en julio de 2026, y la tasa de participación en la fuerza de trabajo fue del 38 % en 2025. El análisis de la brecha alimentaria en el que se basa la afirmación del PMA de que 7 dólares cubren las necesidades mínimas no se ha publicado, así que la afirmación puede repetirse, pero no comprobarse.
Afganistán muestra lo que ocurre cuando hay comida en los mercados pero la gente no puede pagarla. En octubre de 2026, la FAO y el PMA informaron de mejores cosechas y de una mayor disponibilidad de alimentos. Aun así, proyectaron que unos 19,2 millones de personas sufrirían niveles altos de inseguridad alimentaria aguda en la temporada de escasez de noviembre a abril, frente a 17,4 millones un año antes. Señalaron los altos costes de los alimentos y del transporte, la escasez de trabajo y la disminución de la asistencia humanitaria, y dijeron que muchas familias sin ingresos no pueden permitirse una dieta nutritiva ni siquiera cuando hay alimentos. La focalización puede dirigir más ayuda a los hogares con menos alternativas. Que los tramos inferiores dejen lo suficiente para comer allí donde la gente no puede ganarse la vida es algo que no se ha demostrado.
Por ahora
El 19 de octubre de 2026, el día en que anunció el recorte de Gaza, el PMA pidió 450 millones de dólares para mantener las operaciones críticas en Gaza y Cisjordania durante seis meses, de octubre de 2026 a marzo de 2027. Por ahora, dijo, aún podía apoyar a panaderías que cubren un tercio de las necesidades de pan de Gaza, prestar asistencia nutricional a 300.000 mujeres y niños y ofrecer tentempiés escolares a 200.000 niños. Cuánto aguante esa lista depende de que se atienda el llamamiento.
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3:32Starvation alert as children fill Kenya refugee ward after US aid cuts | BBC NewsLa BBC sobre los niños que pasan hambre en Kakuma tras el recorte de las raciones allí.Cómo citar este artículo
Johan Karlsson. “La aritmética de un recorte de raciones.” Eikleaf, 24 de octubre de 2026, actualizado 25 de octubre de 2026. https://www.eikleaf.com/es/the-arithmetic-of-a-ration-cut/
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Multimedia
Ayuda humanitaria en el paso de Zikim – U.S. Army / DVIDS
Campo de refugiados de Kakuma – Wikimedia Commons (Foto: Mr.matija.kovac, CC BY-SA 3.0)
Principales fuentes y referencias
Murphy, Brett, and Anna Maria Barry-Jester. «After Trump Cuts to Kenya Food Aid, Children Died of Starvation.» Photography by Brian Otieno. ProPublica, 17 December 2025. https://www.propublica.org/article/kenya-trump-usaid-world-food-program-starvation-children-deaths
Field Exchange, Emergency Nutrition Network. «Summary of the revised joint WFP/UNHCR Guidelines for Estimating Food and Nutritional Needs in Emergencies.» https://ennonline.net/fex/3/summary
World Food Programme. «Funding cuts force WFP to drastically reduce lifesaving assistance in Gaza.» 19 October 2026. https://www.wfp.org/news/funding-cuts-force-wfp-drastically-reduce-lifesaving-assistance-gaza
Reuters (via Al-Monitor). «World Food Programme cuts aid to 500,000 Palestinians in Gaza, cites funding shortages.» 19 October 2026. https://www.al-monitor.com/originals/2026/10/world-food-programme-cuts-aid-500000-palestinians-gaza-cites-funding-shortages
UN News. «Gaza: Funding cuts leave half a million without food assistance.» 19 October 2026. https://news.un.org/en/story/2026/10/1168622
AFP (via Kuwait Times). «UN agency cuts Gaza food ‘lifeline’ over funding shortfall.» 19 October 2026. https://kuwaittimes.com/article/51917/world/un-agency-cuts-gaza-food-lifeline-over-funding-shortfall/
The National. «World Food Programme to cut aid to half a million people in Gaza amid funding shortfall.» 19 October 2026. https://www.thenationalnews.com/news/mena/2026/10/19/gaza-aid-cuts-food-wfp/
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